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Un pin con P de Patología

  • 2 may 2018
  • 3 Min. de lectura

A Dr. House no le importa esto.

O "pequeña y útil puntualización para legos". La psicopatología, vale decir, la enfermedad mental (me carga el rótulo, pero insisto, "para legos"), a menudo es entendida como una categoría aparte de la sanidad, una suerte de frontera o cajón en el que la persona está, o no está. Estoy enfermo, o no estoy enfermo. Y eso, en ocasiones, induce a error.


Pero ¿por qué es importante esto?


Uno de los problemas que los gremios de la salud hemos fallado en resolver es el tema de la mesura en el diagnóstico. La figura del "niño Ritalin" es uno de los más tristes y emblemáticos ejemplos de diagnósticos sobredimensionados, que si bien tienen un componente de pereza en su gestación (padres, cuidadores o docentes que no quieren lidiar con la dispersión o la hiperkinesia), también admitamos que se basan en una deficiente comprensión del eje sanidad-patología como un continuo, más que dos categorías discretas.


Es aquí donde entra el concepto que puede cambiar el mapa completo: el de lo subclínico. En lo psicopatológico, lo que define si estás o no estás teniendo un trastorno a menudo depende del grado en que la sintomatología compromete el funcionamiento del individuo. Y eso tiene grandes implicancias, tanto a nivel de lo diagnóstico como de la naturaleza, magnitud y pertinencia de la intervención, una vez llegado a diagnóstico.


¿Va apareciendo un mapa? En concreto, lo que estoy diciendo es que si tomas el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, la sigla es en inglés), y lo revisas, puedes encontrarte con que la descripción de algún trastorno te corresponde en medida preocupante. ¿Debieras buscar ayuda en forma automática? Es posible. ¿Debieras medicarte? Dudoso. ¿Significa que padeces una enfermedad, o mejor aún (para chapotear en el prejuicio), significa que estás "de patio"? Muy probablemente no. Pero entonces, ¿por qué el desglose de este trastorno me describe tan bien? Bueno, pues porque (a menos que, en efecto, tengas un trastorno), presentas ese patrón, pero sin alcanzar ribetes clínicos. En una de esas tienes una manía por el orden y los protocolos, pero eso no resulta significativamente molesto ni para ti ni para tu entorno, por lo que el TOC (trastorno obsesivo compulsivo) puede ser un diagnóstico un poco sobredimensionado. Es más, eres contador auditor, por lo que la manía de revisar todo varias veces te resulta incluso conveniente. ¿Deberías tratarte? Interesante pregunta.


Si bien un profesional de la salud puede tener estas distinciones muy claras (y dotadas de tecnicismos mucho más rutilantes que las palabras empleadas por mí en este artículo, tales como "compromiso psicosocial", o "diagnóstico diferencial", por nombrar sólo algunos), el problema es que en la salud mental el margen de error es mayor por lejos. Siendo la experiencia humana algo poco observable, o por lo menos, convengamos que bastante menos observable que, digamos, la piel, o el tejido estomacal, el tema es que un factor importante es el relato subjetivo de unos cuantos individuos. Volvamos a los niños Ritalin. ¿Es hiperkinético? ¿Según quién? ¿Bajo qué premisas? ¿Clínicamente inquieto? Me faltan dedos para enumerar las veces en que padres o colegios mandan a un niño o una niña que se encuentra perfectamente dentro de parámetros normales, a consulta con un profesional de la salud mental, simplemente porque su desenvolvimiento resulta desafiante en términos de lidiar con su energía, o rasgos. También me faltan dedos para enumerar las situaciones en que alguien es tratado de manera diferente porque "tiene algo", siendo que no tiene nada, simplemente es una persona en toda su individualidad. Admitamos que nunca está de más evaluar, pero rasgo no es trastorno.


Finalmente, nos encontramos con estas dos ideas que van percolando. No, la consulta del psicólogo no es para los locos. Y no, no estás de patio, sólo es que la enfermedad está hecha del mismo material que la sanidad. Es la organización, la estructura, la que hace la diferencia, no el material. La diferencia entre quincho y casa es la construcción, pero ambas usan los mismos ladrillos.


A tener en cuenta.


 
 
 

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