La "inexisteligencia"
- 30 jul 2014
- 3 Min. de lectura
A lo largo de su historia como saber, la Psicología ha demostrado una meticulosidad y determinación a la hora de abordar el tema de la inteligencia que, de tan épico, llega a ribetes humorísticos. Pero ¿para qué sirve, cuál es la ganancia de ser (o no) inteligente? ¿Es una capacidad, o un ejercicio? ¿Un buen motor versus un buen piloto, por decirlo de alguna forma? Quizás entre tanto texto a veces se pierde el quid del asunto.

Tradicionalmente, el imaginario colectivo ha graficado la inteligencia como una persona que puede realizar operaciones abstractas. Comprender cosas complicadas. ¿Ecuaciones laaaaargas? Uh, debe ser muy inteligente. No es culpa de uno: sencillamente, nos enseñaron que eso era. Es más, probablemente muchos de nosotros pasamos ya en algún momento por un test de inteligencia, y la verdad sea dicha, menos relación tiene con establecer buenas relaciones, o ser feliz, que con la capacidad para ordenar en forma lógica una veintena de piezas de dominó.
Y es ahí donde aparece el primer contrasentido. Para los que no son psicólogos, les cuento que la profusión de definiciones de inteligencia es tal, que incluso hasta salió una que dice así: "Inteligencia es... ¡lo que miden los tests de inteligencia!". No es broma. Un tipo Bridgman fue el que la acuñó. Por supuesto, la puntuación es mía. No se trata de elaborar un concepto y largarlo al mundo: el surgimiento de un concepto debiera clarificar, denotar, crear, modificar, permitir, algo. Hacer algún cambio, cumplir alguna función.
Pero ¿cuál es la función de la noción de inteligencia? Hemos definido las emociones, y un ser humano promedio puede hacer uso de ese conocimiento para entender por qué siente de la manera que siente, y hacer algo al respecto, si así lo desea. Pues resulta que, tristemente, no es inusual encontrarnos con que la noción de inteligencia se utiliza para discriminar, segregar, en fin, ahondar en estas brechas de igualdad que tanto nos aquejan, nos demos cuenta o no.
He ahí mi queja: no hemos sabido hacer la diferencia. La Psicología está en deuda, no con la ciencia, no con la academia. Con las masas, ya que no hemos logrado una relectura del término para las personas. Allá, afuera, se sigue pensando, en muchos lugares, en que para una persona es más importante su C.I. que otras capacidades. Craso error. Recuerdo alguna vez haber escuchado el diálogo que me hizo pensar en estas cosas. Sujeto 1: "oye, guau, lo que dijiste. Eres inteligente". Sujeto 2: "eh, bueno... gracias". Sujeto 3, luego de mirarlo detenidamente: "...¿Y te sirve?"
Entonces, ¿qué se hace?
Fácil. Vean una película gringa llamada "Good Will Hunting". Actúa Matt Damon y Ben Affleck, la deben ubicar. ¿No? Bueno, "Forrest Gump". ¿No les gusta el cine? Bueno. Vayan a una bilioteca, o bajen de la red un libro llamado "El hombre en busca de sentido". ¿Qué es la inteligencia? Yo, para mis términos individuales, la defino como la capacidad para aunar los recursos personales y del medio bajo la bandera de hacer de tu vida aquello que quieres que sea. Me explico. Puedes tener una excelente carrera, pero no la disfrutas. Puedes tener buenos amigos, pero no sabes de ellos. Puedes tener una casa con gran espacio, pero andas a patadas con todo. Puedes tener una inclinación inmensa para una determinada actividad, pero no tienes dedos para el piano. En cada una de esas situaciones podrás ver que existe algo, un no se qué que no cuadra, que puede o no tener relación con tus recursos intelectuales así como los hemos entendido tradicionalmente. Puede que sean tus emociones. Tus habilidades presentes. Tus conocimientos. Etcétera. Qué tal "todos". Son los recursos que los seres humanos tenemos para desenvolvernos en nuestro medio ambiente, y tratar de prevalecer, alcanzar nuestros objetivos, sobrevivir y trascender.
¿Eres inteligente? Pregúntatelo.
¿Y te sirve, le sirve a tu vida su "ser inteligente"?










Comentarios