Rocky sin Conti
- 27 abr 2018
- 4 Min. de lectura
A menudo nos encontramos con esos montajes. Son impresionantes, el personaje esforzándose, la música electrizante, es posible sentir cómo se pone la piel de gallina. Pero ¿y si le sacamos la música, la edición no apta para cardíacos y la dirección de fotografía? ¿Con qué nos quedamos?
Con la realidad. Por eso fallamos.
James Clear, en la interfaz de Pocket (un servicio que les recomiendo muchísimo, y que voy a publicitar en alguna otra entrada, ahora que el propósito de este blog se me ha hecho claro), ha escrito un artículo muy interesante sobre lo que él denomina pasar de un funcionamiento en base a objetivos a otro en base a sistemas. Si tienen buen nivel de inglés, pueden leer el artículo aquí.
Es posible que la inmensa mayoría de las personas tenga buenas intenciones respecto de su futuro. Bajar diez kilos. Estudiar. Ejercitar. Leer ese libro. Escribir el libro. En fin. Desde asuntos de salud, productividad, domésticos, existe una amplia variedad de cosas que nos proponemos, pero que a pesar de ser consideradas importantes, razonables, y hasta derechamente deseadas, se desvanecen en el tiempo. ¿Por qué?
Explicaciones hay varias. Desde la administración del tiempo hasta las teorías de la motivación, existen varios modelos que permiten explicar el fenómeno. Pero el problema persiste. Y es que cuando se trata de estados internos, entender el fenómeno no necesariamente soluciona el problema (pregúntenle a cualquier psicólogo enojado).
Por lo tanto, nos vamos a focalizar en intervención. Dice así:
¿Es tu objetivo realmente un objetivo? Revisar eso. "Verse bien" no es nada; ¿qué es eso? ¿Vestirse mejor? ¿Entrar el abdomen? ¿Bajar cuántos kilos? ¿Realmente bajar kilos, o reducir talla (que no es lo mismo)? ¿Cuánto te vas a demorar? ¿Cómo te vas a enterar de que estás cumpliendo tu objetivo?
Les cuento que incluso personas que se dedican a la investigación, y por lo tanto saben perfectamente qué es un objetivo, un indicador de impacto, de proceso y un largo etcétera, también rebotan en dietas y compran máquinas elípticas que terminan sirviendo para secar toallas. Y es que existen áreas de nuestra vida en las que, a veces, simplemente no nos damos el trabajo de pensarlas con profundidad. Operamos desde la lógica del deseo, y punto. Si no eres de esas personas, felicitaciones, no necesitas leer más. Claro, también puedes leer para criticar mi lenguaje para legos y mi falta de citas a tipos con barba, lo cual puede ser más divertido aún. Para ambos. Digo, a propósito de la claridad del objetivo. De este artículo. Del blog, en realidad. En fin.
En qué estaba. Ah, sí. Segundo punto:
¿Qué hay que hacer para lograr ese objetivo (que tiene fecha, un resultado concreto al que le puedes sacar una foto, o puedes grabar de alguna manera)? Y aquí llegamos al Señor Clear y su artículo de objetivos v/s sistemas. Jamás me voy a olvidar de un compositor que prácticamente no escribía música, porque se resistía a componer algo que no fuera un hit. Deseaba escribirlo, pero no intentaba escribirlo. Entre desear y escribir, ¿cuál de las dos crees que te llevará a escribir una canción que sea un hit? Muchas personas fantasean con un six pack, pero el AB Shaper está gris de tierra porque jamás se plantearon qué querían hacer en primer lugar, sólo tenían una imagen de un estado deseado pero no una línea que uniera el aquí y ahora con ese estado deseado (que debería tener un momento concreto, unas condiciones concretas y un resultado concreto). Lo que nos lleva al peligro de mirar siempre el resultado durante el viaje. Hoy por hoy soy un convencido de que, en territorios del desarrollo personal, el autosaboteo viene de nuestros puntos ciegos. Y en este caso, es el hecho de que el objetivo, en virtud de su distancia con el punto de inicio, tiene tanto poder desmotivador como relevancia. Y aquí llegamos a puerto:
¿Estás disfrutando del viaje? Es tan simple. John Lennon lo dijo: "la vida es lo que te ocurre mientras te empeñas en hacer otros planes". Si tomo el auto y emprendo viaje a Puerto Varas, claramente va a tomar algún tiempo llegar. Si en mi mente sólo existe Puerto Varas, probablemente mi relato sea que llevo dos días viajando y todavía no puedo comenzar mis vacaciones. Por el contrario, si en mi mente está hacer un viaje, voy a disfrutar el camino, el cambio de aire, los viñedos, los pinares, el verde progresivo, las quebradas, el ganado pastando, en fin, todo el sur y sus cielos demencialmente hermosos.
En definitiva, el setting mental y la astucia con que uno pueda manejar dicho setting es crucial en el apasionante camino de convertirse en lo que uno podría ser, incluso a pesar de uno mismo. Enamórate del viaje. Si quiero escribir un libro, no te comprometas a escribir el libro, comprométete a escribir. Si te comprometes a escribir el libro, cada día o cada página que escribas y que no quede en el libro va a sentirse frustrante y como una pérdida de tiempo. Si te comprometes a escribir, eventualmente vas a terminar el libro. Te garantizo que escribiendo unas horas al día, sin importar cuánto de eso quede en el tacho de la basura, vas a publicar más luego que si esperas a tener el libro escrito en tu cabeza, o que si quieres sentarte y jamás pulsar la tecla de borrado.
Funcionamiento en base a sistemas v/s funcionamiento en base a objetivos.
Proceda, señor Conti. Entra la orquesta.










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